En Nueva Zelanda llovía, y nunca lo advertiste. Las Converse cuelgan de los árboles de la calle y del cableado de la luz. Las olas en la playa salpican de lejos nuestra cara. Eso debió pasar, pensaste que sólo era agua.
Crucé las Antípodas, en un intento de mimetizarme contigo, vi cómo temblabas y como destrozabas la copa de vino contra el suelo. Por el camino mandé postales de despedida. Nadie lo supo. Nadie debió siquiera imaginarlo nunca, porque regresé. A los extravíos, a las costumbres desordenadas. Regresé también a su cuerpo, caí en su cama y me dejé hacer y deshacer. Quise sentirme deseada, y no hablo de respeto. Volví a viajar, contra el tiempo, una y otra vez. Destruirme, recomponerme. Dejarme llevar, tomar las riendas. No recuerdo tanto odio ni tanto amor propio a la vez. Desearte otra vez intensamente, e ignorarte de nuevo. Ignorarte siempre. Mandarte a vivir a mis propias antípodas, no imaginé mejor elección. Me convenciste de ello. Von voyage, mon amour!
Crucé las Antípodas, en un intento de mimetizarme contigo, vi cómo temblabas y como destrozabas la copa de vino contra el suelo. Por el camino mandé postales de despedida. Nadie lo supo. Nadie debió siquiera imaginarlo nunca, porque regresé. A los extravíos, a las costumbres desordenadas. Regresé también a su cuerpo, caí en su cama y me dejé hacer y deshacer. Quise sentirme deseada, y no hablo de respeto. Volví a viajar, contra el tiempo, una y otra vez. Destruirme, recomponerme. Dejarme llevar, tomar las riendas. No recuerdo tanto odio ni tanto amor propio a la vez. Desearte otra vez intensamente, e ignorarte de nuevo. Ignorarte siempre. Mandarte a vivir a mis propias antípodas, no imaginé mejor elección. Me convenciste de ello. Von voyage, mon amour!


